Leonora Carrington cocinaba: disfrutaba de hacerlo. Para ella había una relación intrínseca entre la creación artística y la culinaria.

Usaba agua de colonia Sanborns como perfume y caminaba por su casa con una bolsa bandolera negra, de esas que se cruzan desde el hombro, como si estuviera siempre a punto de salir, para poder llevar consigo sus cigarros, por toda la casa.

Entre sus objetos personales hay una ouija, una esfera de cristal y múltiples barajas de tarot. Le gustaba la magia. Consumía medicamentos para la depresión y la ansiedad. De vez en cuando padecía problemas gástricos. Guardó toda su vida la ropa que usó en su juventud y le hizo al gato una puerta pequeña a ras del suelo para que pudiera entrar y salir con libertad.

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