Han pasado 25 años. Probablemente sus fans más aguerridas sean mujeres que superan los 45 años y otras les escucharon y admiraron siendo apenas unas niñas que hoy se encuentran en su tercera década de vida. Por ello se les vio acompañadas de sus madres, pero también de sus hijas. Maridos solidarios que también se sabían las letras y accedieron a vestir de blanco y con look de boy band para asistir al evento.
Esa es la energía del concierto. La voz de una generación que vio el cambio tecnológico, el desarrollo de las redes sociales y comenzó a buscar una nueva dimensión de las experiencias inmersivas. Esa generación que produce su vida para ser vista. Que se ha buscado las posibilidades, para no perder su identidad ante las exigencias de la vida adulta.
Todos se prepararon con anticipación, atuendos alusivos a la época de colores blancos, plateados y azules. Peinados con aplicaciones y pinzas de mariposas o un par de chonguitos. Gargantillas de plástico, pulseras armables de cuentas de colores y donas de tela en la muñeca.
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