¿Recuerdas qué coleccionabas en tu infancia? Piedras, conchitas de mar, juguetes especiales, estampas o muñecas. Si exploras en tu memoria, te darás cuenta de que el acto de coleccionar es inherente al ser humano.

Una forma, quizá de ordenar el mundo inabarcable, de encontrarnos reflejados en los objetos que nos rodean, de contarnos nuestra propia historia y generar memoria.

Juntar objetos con cierta similitud, pero cada uno diferente, es algo que hacemos de manera natural. Sin embargo, cuando pensamos en coleccionar arte, nuestra mente viaja a los grandes museos del mundo. Pensamos en los magnates millonarios que ejercían el mecenazgo y que hoy tienen su nombre marcado en la historia.

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